Las madres y esposas de los
soldados y generales caídos en la guerra de Tebas, acuden al rey de Atenas,
Teseo, para pedirle que las ayude a recuperar los cuerpos ya sin vida de sus
seres queridos.
Creonte, que ha quedado como rey
de Tebas, después de la muerte de los dos hijos de Edipo, se niega a devolver los restos de los caídos
en la Guerra de Tebas, argumentando que sólo la maldad los condujo a atacar la ciudad,
razón por la cual no merecen sepultura ni ritual mortuorio alguno. Creonte sólo
espera que sean pasto de las aves carroñeras y de las bestias.
Antes de que Teseo pueda enviar
un mensajero a Creonte pidiéndole que devuelva los cadáveres de los muertos en
la batalla y respete las leyes que toda Grecia honra y observa, aparece un
enviado de Tebas a exigir que las mujeres suplicantes y su rey Adrasto,
abandonen la ciudad de Atenas antes de la puesta del sol.
Se produce un tenso diálogo entre
Teseo y el Heraldo de Creonte, sobre lo que debe ser un recto gobierno. Acto
seguido, Teseo conduce a su ejército a Tebas y recupera los cuerpos que Creonte
ha querido castigar negándoles la sepultura.
La obra se mueve entre la intensa
súplica de las mujeres que buscan tener por última vez entre sus brazos a sus
seres queridos, antes de entregarlos a las moradas del Hades y la reflexión
sobre la dimensión de lo que es el recto gobierno en términos del respeto a la
vida de los ciudadanos.
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